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♦♦Viajes que se leen: destinos con nombre de mujer y olor a papel

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Esta semana el calendario se pone literario: llega la Semana Mundial de la Novela y el Día de las Escritoras. Dos brindis por las mujeres que convierten el papel en pasaporte y las palabras en mapa. No hace falta pasar por la estación, ni hacer la maleta: basta con abrir un libro y dejar que una autora te lleve. Ellas también han dibujado el mundo, pero con tinta y emoción. Aquí, seis destinos que se leen y se beben, firmados por mujeres que transforman la página en paisaje.

Reikiavik (Islandia) – Donde el silencio se escucha

En Mariposas en noviembre, Auður Ava Ólafsdóttir convierte la Ring Road en una carretera hacia dentro. Reikiavik huele a sal, a volcán y a decisiones pendientes. Su protagonista huye del caos, pero termina abrazando el frío, los glaciares y el silencio que cura. Islandia no se entiende: se siente. Hay humor, nieve y una belleza que no pide permiso.

Para acompañar ese aire gélido y mineral, sirve un Txakoli Ameztoi Primus de Getaria: blanco, vibrante, casi salino, como el viento del norte. También podrías atreverte con el islandés Ölvisholt Lava Smoked Imperial Stout, cerveza negra con alma volcánica. Si nieva, brinda.

Lagos (Nigeria) – Trenzas, tráfico y revolución

En Americanah, Chimamanda Ngozi Adichie te sube a un taxi en Lagos y no te deja bajar. Hay trenzas, blogs, amores migrantes y un ritmo que no conoce los semáforos. Todo vibra, todo arde, todo cambia. Nigeria se cuela por los poros y deja una lección de identidad, humor y resistencia.

Este viaje pide un vino con carácter, algo que hable alto pero con estilo. Prueba el Dominio del Águila Clarete 2020, un vino con alma rebelde, mezcla de uvas y de épocas. O, si prefieres un guiño africano, una copa del sudafricano Kanonkop Kadette Pinotage, potente y amable a la vez. Sirve, escucha afrobeat y deja que el alma te sude un poco.

Valle de Kłodzko (Polonia) – Donde los animales hablan

Olga Tokarczuk firma Sobre los huesos de los muertos, una novela donde el bosque tiene alma y los ciervos te miran como si supieran algo. El escenario es el valle de Kłodzko, casi en la frontera con Chequia, donde la nieve tapa huellas y secretos. Es un noir ecológico, sarcástico y profundamente humano. Aquí la naturaleza no es fondo: es personaje.

Léela con una copa de Coto de Gomariz Colleita Seleccionada, un Ribeiro gallego con notas de bosque húmedo y flores blancas. Si prefieres seguir en Europa Central, busca el checo Sonberk Riesling VOC Mikulov: limpio, tenso y tan frío como la ironía polaca. Manta, silencio y un sorbo de misterio.

Ayemenem (India) – Monzón, cardamomo y memoria

El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy, es humedad, río y familia. Todo pasa en Kerala, en un pueblo donde los monzones lo mojan todo: las casas, las culpas y los amores imposibles. Roy escribe con el ritmo del agua, lento y persistente. Cada frase huele a mango, cardamomo y pérdida.

Aquí va bien un vino blanco con exotismo y textura. El Belondrade y Lurton 2022 de Rueda tiene esa mezcla de fruta madura y calma elegante que acompaña al clima tropical. Si prefieres un toque dulce, un Gewürztraminer de Trimbach (Alsacia) recoge todos esos aromas de especias que flotan en Kerala. Cierra los ojos y deja que el monzón te lea en voz alta.

Estambul (Turquía) – El Bósforo y los recuerdos

En La bastarda de Estambul, Elif Shafak mezcla familia, historia y cocina con una naturalidad deliciosa. La ciudad es un personaje más: mestiza, luminosa y obstinada. Entre Beyoğlu y el Bósforo, todo huele a canela, nueces y memoria. Hay heridas antiguas y un perdón que se cocina a fuego lento.

Estambul pide un vino con alma oriental y corazón mediterráneo. Prueba el Doluca Alçıtepe 2018, un tinto turco elegante, de Garnacha y Syrah, que sabe a tierra y a historia. O bien, un Chivite Las Fincas Rosado para esas tardes doradas que se beben mirando al mar. Si hay baklava, mejor.

Hokitika (Nueva Zelanda) – Oro, barro y constelaciones

En The Luminaries, Eleanor Catton te lleva hasta Hokitika, costa oeste de Nueva Zelanda, donde en el siglo XIX los buscadores de oro jugaban su suerte bajo las estrellas. La autora convierte esa fiebre en una danza de signos zodiacales, secretos y fortuna. Todo suena a madera mojada, a barro y a cielo abierto.

Aquí el vino es tan parte del paisaje como los astros. Sirve un Cloudy Bay Pinot Noir, símbolo de Marlborough y de elegancia contenida. Su perfume de cerezas y humo encaja con los misterios de la trama. Si quieres un guiño más terrenal, prueba el Ata Rangi Martinborough Pinot Noir, un clásico que se bebe mirando constelaciones.

Se puede viajar sin maleta, pero no sin copa. Estas seis novelas escritas por mujeres son billetes abiertos a paisajes que huelen distinto: nieve, sudor, incienso, cardamomo, polvo o sal. Todas dejan la misma sensación: la de haber conocido un país nuevo dentro de ti. Así que sí, esta semana viaja con ellas. No necesitas pasaporte, solo curiosidad y una botella esperándote en casa.

Y cuando alguien te pregunte si has salido últimamente, sonríe y responde: “Sí. A Islandia, Nigeria, Polonia, India, Turquía y Nueva Zelanda. En menos de una semana. Y sin pasar por el control de pasaportes.”

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