Los nombres tienen vida. Se te pegan, te acompañan, te sostienen… y un día te miran y dicen:”Querida, tu ciclo conmigo ha terminado”. MaríaconG nació ligero, simpático, reconocible. Hasta que, de repente, apareció en escena lo que yo, con toda la ironía del mundo y cero ganas de que nadie se ofenda, llamo la Radio Divina. Esa entidad venerable que, según me explicaron con solemnidad celestial, considera que el nombre “María” es suya para cualquier cosa relacionada con la comunicación. La EUIPO lo ratifica.
Yo escuché aquello y pensé: “Mira, esto va a ser una señal divina. O un spoiler del universo para que no me pille un plot twist legal más grande.” Y sí: era hora de escuchar.
Porque una tiene límites, pero sobre todo tiene una carpeta mental llena de facturas, artículos, catas, viajes y deadlines como para añadir:
— Nuevo Testamento (revisado y ampliado)
— Anexo de alegaciones
— Papeleo celestial volumen II
No, no, no. Yo ahí no vuelvo. No estoy preparada para más abogados, PDFs interminables ni correos que empiezan con “lamentamos comunicarle…”. Así que cuando esas “fuerzas superiores” levantaron su ceja jurídica, yo pensé: “Igual este es el momento de evolucionar”.
La epifanía: un destello de lucidez en medio del caos
En ese torbellino de emails, palabras raras y clases de Niza que suenan a órdenes de Hogwarts, tuve un instante clarísimo:una fracción de segundo donde sentí la luz (administrativa), el mensaje (sutil) y la señal (evidente).
Y entonces, como si me lo dictara un narrador omnisciente, apareció: The Second Fraction. Un nombre que llevaba conmigo más tiempo del que recuerdo. Mi estudio, mi agencia, mi casa creativa. Un concepto que habla de eso que yo más admiro: lo que puede cambiar la vida en un instante.
Era perfecto. Era mío. Y no dependía de ninguna señal divina… ni de sus susurros legales.
No me fui: me ascendí
No reniego de MaríaconG. La quiero. La celebro. La honro. Pero necesitaba un nombre que no me dejara mirando al cielo cada vez que publicaba un artículo, pensando: “Espero que no haya un dicto celestial que diga que también les pertenece el adjetivo ‘con’ y la letra G…”
Así que aquí estoy: misma María, más libre. Misma voz, más espacio. Misma esencia, menos preocupaciones notariales.
The Second Fraction es mi renacimiento. Mi upgrade. Mi versión sin sobresaltos legales.
La frase que resume toda esta travesía espiritual-administrativa
No me fui por miedo. Me fui por lucidez. Porque cuando te dicen que tu nombre puede pertenecer a otro universo… lo sensato es crear el tuyo propio, AGAIN.
Bienvenidos a The Second Fraction
Un nombre grande, limpio, mío. Una casa sin interferencias. Un universo donde las señales las elijo yo. Un nuevo rumbo en mi barco creativo.
Y si alguien me pregunta por qué cambié de nombre, yo responderé, esta vez sin mirar al cielo: “Porque cuando la vida te manda un aviso divino-administrativo, lo inteligente es evolucionar. No vaya a ser que lo siguiente sea una aparición Mariana, y la liemos más.” Que a mí esas cosas me dan mucho yuyu.





