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La vuelta de la absenta, ¿Por qué está conquistando las barras de los bares más exclusivos?

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La absenta, esa bebida legendaria que fue desterrada a los abismos del olvido, regresa como un faro de “glamour” a las barras de los locales más exclusivos. ¿Qué nos ha hecho creer que esta poción verde, que antaño encendió las pasiones de escritores y artistas en plena Belle Époque, merece ser tomada en serio hoy en día? Pues la respuesta es muy sencilla: marketing y nostalgia, esa combinación infalible que nunca falla. Pero vamos, no se engañen. La absenta sigue siendo el espirituoso que destila, en cada sorbo, una historia de arte, rebelión y una resaca que te lleva al mismísimo infierno.

¿Quién se atreve a beber absenta hoy en día? Los más osados, los más elegantes, los que buscan en cada copa una dosis de la historia del siglo XIX, siglo en el que la absenta fue una verdadera revolución. Pero no nos equivoquemos. No es que los grandes cocteleros estén celebrando un regreso a la época dorada del absinthe.

El absenta, es como un abrazo mortal de un amigo que hace tiempo que no veías, pero que sabes que te va a hacer perder el sentido. Durante más de 100 años, fue demonizada. Prohibida. Cuentan que su alto contenido en tujona, un compuesto que destila la planta de ajenjo, era la causa de la locura, la epilepsia y todos los vicios imaginables. Afortunadamente, todo eso fue un mito alimentado por el pánico moral de la época. A nadie le interesaba que, en realidad, el exceso de alcohol y la falta de moderación eran los verdaderos culpables.

Pero, claro, nunca fue solo una bebida. Fue una musa. ¿Acaso se puede escribir el mismo capítulo de “Las flores del mal” de Baudelaire, sin un vaso de absenta?. O, ya en un tono más serio, ¿quién no ha oído hablar de Oscar Wilde, entregado a este elixir como si fuera una medicina que calmara las penas del alma atormentada? Y no olvidemos a Toulouse-Lautrec, que bebía este licor, siendo la esencia de aquella Belle Époque

“Después del primer vaso, uno ve las cosas como le gustaría que fuesen. Después del segundo, uno ve las cosas que no existen. Finalmente, uno acaba viendo las cosas tal y como son, y eso es lo más horrible que puede ocurrir“. Oscar Wilde

A principios del siglo XX, la absenta fue proscrita. Prohibida en varios países bajo el argumento de que causaba más daños a la salud de los que la consumían, que el resto de las bebidas alcohólicas juntas. Durante años fue una sombra. Relegada a ser una leyenda, una especie de elixir de la desesperación, entre el mito y la tragedia.

Pero como ocurre con todo en la vida, la prohibición solo la hizo más deseada. Y ahí, en la oscuridad de los bares clandestinos, volvió a nacer.

Ahora, desde la década de los noventa, la absenta resucita con la misma fuerza que un grupo de adolescentes en un concierto de los Rolling Stones. Con nuevos matices, con marketing bien cuidado. y, sobre todo, con esa estética verde y etérea que promete transporte directo a la bohemia de los siglos pasados.

Los cócteles con absenta, esos que hoy se sirven con delicadeza en las cocteleras más sofisticadas, son la nueva moda en los bares de la élite. Pero no, no se confundan, no estamos hablando de aquellos cócteles de tragos rápidos y baratos. Aquí se convierte en protagonista, no en acompañante.

Uno de los más populares es el “Sazerac“, un cóctel de Nueva Orleans que mezcla whisky de centeno, azúcar, bitters y, por supuesto, absenta. El toque final se da con una pequeña capa de absenta en el vaso, que se quema para liberar ese aroma a misterio y peligro. Y luego está el “Corpse Reviver #2“, que, como su nombre indica, pretende resucitar cualquier cadáver a base de ginebra, licor de naranja, Lillet Blanc y un toque de absenta. ¿Una cura para el alma? Quizás, pero también para los borrachos con gusto.

Que la absenta se ha convertido en un fenómeno en bares de alta gama es innegable. Pero la verdadera pregunta es: ¿es solo una moda pasajera o está aquí para quedarse? Los mixólogos de todo el mundo están jugando con ella como un niño con zapatos nuevos. Sin embargo, es probable que, en algún momento, las copas de absenta sean reemplazadas por algo más exótico, más intrigante.

Ha vuelto con su halo de misterio, su historia de glamour y locura, y su toque de arte y decadencia. Pero no te engañes: detrás de esos tonos verdes y dorados hay más que alcohol. Hay historia, leyendas y, sobre todo, resaca.

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