Hay cócteles que no necesitan receta. Basta con mezclar canciones eternas, películas en blanco y negro y litros de whisky. El resultado tiene nombre: Rat Pack. Sinatra, Dean Martin, Sammy Davis Jr., Humphrey Bogart y compañía hicieron de la barra un escenario más. Y entre copas, humo y carcajadas, construyeron un mito líquido que todavía nos hace brindar.
Sinatra y Jack Daniel’s: el romance oficial
Frank Sinatra no solo cantaba My Way. También lo bebía. Su whisky de cabecera era Jack Daniel’s Old No. 7, tanto que corrió el rumor de que fue enterrado con una botella. ¿Verificado? Mito sin pruebas sólidas, pero demasiado bonito como para no contarlo.
Lo cierto es que la marca le devolvió el amor con el lanzamiento de Sinatra Select, un Tennessee Whiskey envejecido en barricas especiales. Notas de cereza, caramelo y plátano. Como escuchar “Fly Me to the Moon”, pero en versión líquida.
Bogart: Scotch y humo de leyenda
Humphrey Bogart bebía Scotch & soda como quien enciende un cigarrillo: natural, inevitable. Tras una cirugía, su esposa Lauren Bacall regulaba las dosis: un vaso antes de comer, dos antes de cenar. Medicina casera de la vieja escuela.
En el rodaje de La Reina de África (1951), cuenta la leyenda que Bogart fue el único del equipo que no cayó enfermo de disentería. ¿La razón? Decían que bebía whisky en lugar de agua. Verificado: más mito que ciencia, pero la anécdota sobrevivió mejor que los mosquitos africanos.
Dean Martin: el rey del cool (y de la copa)
Dean Martin era el “King of the road”. Y su vaso parecía siempre lleno. Whisky, champán o lo que hubiera a mano. Su personaje público estaba tan ligado a la copa que muchos creían que bebía más de lo que realmente hacía. Parte mito, parte actuación, pero muy convincente. Como sus entradas en el escenario del Sands Hotel: sonrisa, copa y chiste antes de empezar a cantar.
Sammy Davis Jr.: ritmo, copas y resistencia
Sammy Davis Jr. no necesitaba mucho alcohol: su energía ya era puro cóctel. Pero compartía barra y noches con sus amigos del Pack. El verdadero brindis de Sammy fue otro: junto a Sinatra y Martin, se plantó contra la segregación racial en Las Vegas. Ningún destilado sabe mejor que la justicia servida en vaso grande.
Joey Bishop: el discreto vermut de la pandilla
Joey Bishop era el menos juerguista del grupo. Mientras Sinatra descorchaba Jack y Dean hacía de payaso con su whisky, Bishop era el que ponía orden. El hombre de los chistes y el ritmo de los shows. Su papel no era la copa en alto, sino el libreto en mano. En términos de barra, él era el vermut con hielo: discreto, pero esencial para que el cóctel funcione.
Peter Lawford: champán y diplomacia
Peter Lawford aportaba el toque británico y elegante al Rat Pack. Actor refinado, cuñado de John F. Kennedy, convirtió a la pandilla en algo más que espectáculo: eran también lobby político. Lawford prefería el champán y los cócteles suaves, más embajador que juerguista. Su copa era la de la diplomacia: burbujas discretas entre bambalinas, conexiones en la Casa Blanca y glamour importado de Londres.
El primer Rat Pack no fue de Sinatra, sino de Bogart y Lauren Bacall en Hollywood. Tras verlos volver de una juerga, Bacall exclamó: “Parecen una maldita pandilla de ratas.” El nombre pegó.
Después de la muerte de Bogart, Sinatra recogió la antorcha y la trasladó a Las Vegas. El Rat Pack moderno nació entre luces de neón, destilados y actuaciones maratonianas en el Sands.
Canciones, películas y copas
- Sinatra: My Way con un Jack Daniel’s al lado.
- Bogart: Casablanca y su Scotch eterno.
- Dean Martin: That’s Amore con un whisky on the rocks.
- Sammy Davis Jr.: Mr. Bojangles, copa en mano y sonrisa infinita.
- Bishop: el guionista invisible con vermut discreto.
- Lawford: champán con acento británico y conexión Kennedy.
Las copas eran parte del guion. Algunas veces reales, otras puro mito. Pero el efecto era siempre el mismo: público entregado, resacas históricas.
El Rat Pack no inventó los destilados, pero los convirtió en iconos culturales. Sinatra con su Jack Daniel’s, Bogart con su Scotch, Dean Martin con su vaso interminable, Sammy Davis Jr. con su resistencia en el escenario, Bishop con su discreción y Lawford con su champán diplomático.
Algunos excesos fueron reales, otros puro mito. Pero la imagen permanece: humo, copas y canciones que aún hoy suenan a medianoche.






