Seamos claros: todos amamos el vino, pero no todos los vinos aman la alcachofa, el huevo o el tomate frito. Y menos aún, los platos picantes que te hacen llorar como viendo “Titanic” por décima vez. Pero tranquilos, queridos aventureros del sabor, aquí estoy para daros la guía definitiva de armonías para esos platos complicados.
Alcachofa: el drama vegetal
La alcachofa es como esa amiga complicada: sofisticada, interesante y algo amarga (literalmente). ¿La solución? Los vinos frescos, secos y con buena acidez son ideales aquí. Una manzanilla de Sanlúcar, como La Kika es la ganadora de este desafío. La clave es neutralizar el amargor con frescura, y así se lleva fenomenal con esta verdura rebelde.
Yema de huevo: ¡cuidado con las curvas!
La yema de huevo es untuosa, cremosa, casi pecaminosa. Maridarla es como bailar tango; necesitas equilibrio. Aquí lo suyo es optar por un espumoso con buena acidez que “limpie” esa textura. Un cava brut nature, como el Recaredo Terrers Brut Nature, hará el trabajo perfectamente. Es la frescura de una noche de verano frente a la sensualidad del huevo.
Tomate frito: el enemigo dulce
La salsa de tomate frito tiene azúcar y acidez, y es tan difícil de armonizar como discutir con un adolescente: todo lo contradice. Para este caso, elegid un tinto joven, frutal y ligeramente ácido. Un mencía del Bierzo, como Altos de Losada, El Cepón, será vuestro mejor aliado, aportando frescura sin competir con la salsa.
Platos muy picantes: ¡fuego en la pista!
Cuando la comida te arde más que un concierto de Rosalía, necesitas algo dulce. Olvídate del agua (¡error garrafal!) o del vino seco (más fuego). La solución: vinos con un toque dulce, como un riesling. Por ejemplo, el Dr. Loosen Blue Slate Trocken, que te calmará como escuchar jazz suave después de un concierto de heavy metal.
Tip salvavidas: Si te pasaste de picante, leche o yogur serán tus verdaderos héroes, ya que neutralizan mejor la capsaicina que cualquier bebida alcohólica. Palabra de experto quemado varias veces.
En resumen, armonizar platos difíciles con vino no es misión imposible. Con humor, paciencia y los vinos adecuados, tu comida complicada puede convertirse en una experiencia gastronómica digna de Netflix. ¡Salud y aventura!