Hoy hablemos del beso. Pero no de esos con cita previa, música de fondo y aliento de menta. No. Hablemos del beso robado, ese que irrumpe como un titular sin anestesia: “La Tierra gira más deprisa”, “Putin vuelve a las andadas”, “Descubren exoplanetas con órbitas de feria”. Y nosostros escuchando a los Beatles, tomando una piña colada.
El mundo, amigas y amigos, no se está yendo al garete. El mundo se está yendo de fiesta. Y va con los Beatles a todo trapo, una piña colada en la mano, el chocolate chorreando por la camisa y una sonrisa que no es de esperanza sino de resignación dulce. Y sin decirte ni hola.
Ahora resulta que la Tierra corre. Tres días del verano serán más cortos. ¿Cuánto? Milisegundos. Pero suficientes para perder el metro, enviar el WhatsApp equivocado o declararte justo cuando suena Let It Be.
Los científicos, en modo playlist infinita, descubren ahora cometas interestelares. El último, ATLAS, llega de fuera del sistema solar. Como ese amigo de Erasmus que aparece en la boda con una botella de vodka y teorías sobre Marte.
Mientras tanto en Europa… calor. Pero no del bueno. Calor de ese que derrite helados, sueños y hasta los tatuajes de la playa. En Sevilla, el asfalto huele a tostada. También, en París, los turistas se funden con los croissants. Y en Madrid, solo sobreviven los gatos y los camareros de terrazas con superpoderes.
Y en medio del infierno, llega el Día Mundial del Chocolate. Porque el mundo puede estar ardiendo, pero tú te comes una trufa belga como quien se agarra a un flotador en mitad del Titanic. Ahí está también la Esperanza, celebrando su día con abanico en mano y desodorante en la otra.
En Australia, unos cerebritos han logrado fabricar amoníaco con aire y electricidad. Fertilizantes limpios. Milagro moderno. Ahora solo falta que inventen ministros que aparezcan en julio o políticos con sentido común, pero eso sí que es ciencia ficción.
Y ojo, que los tiburones están al borde de la extinción. Triste, sí. Pero que no se asuste nadie: no hablamos de los de traje y corbata. Esos siguen ahí, de congreso en congreso, de dieta en dieta, nadando en aguas turbias sin que ninguna ley los contenga.
Y mientras tú buscas sombra con tu piña colada, China y Rusia se abrazan en una alianza que da más miedo que un after en casa de Trump. Lo llaman “la alianza Dragón-Oso”. Suena a videojuego soviético o a banda de metal balcánico que canta sobre catástrofes nucleares y hace riffs con kalashnikovs.
Por si alguien aún pensaba que lo de Ucrania iba a enfriarse, Rusia ha lanzado más drones que Spielberg en Inteligencia Artificial. Zelensky aguanta. Y Trump reparte tarifas del 70 % como quien lanza flyers desde un descapotable en Benidorm.
Pero nada de eso importa, porque esta semana mandan los Beatles. Fue su día. Y ellos sabían de política, amor y rotación planetaria mucho antes de que lo pusieran en TikTok. Here Comes the Sun, decía George, como si no supiera que el sol este verano viene con lanzallamas.
Y también se celebra la piña colada, ese cóctel dulzón con nombre de canción y espíritu de siesta. Si el mundo se hunde, que al menos sea flotando en ron, con sombrilla en vaso y The Beatles en los altavoces.
Y si no tienes con quién celebrarlo, róbale un beso a la vida. Como quien roba el WiFi del vecino o la última croqueta en una boda. Que la Tierra gira más rápido, sí, pero aún le da tiempo a un brindis, a un estribillo, a un momento de chocolate derretido en la lengua.
Hoy no hay moraleja. Ni cierre digno. Solo un mundo que gira, se contradice y se disfraza de calendario temático. Pero tú sigue ahí: besa sin permiso (pero con consentimiento, no seamos trogloditas), baila sin vergüenza y toma chocolate aunque sude la taza.