Hay vinos que se beben. Y hay vinos que se leen. La etiqueta es el primer capítulo, el prólogo embotellado. Pero no todas se escriben igual. En Borgoña, Burdeos y Champán no venden vino: venden historia, vendimia y ego. La etiqueta allí no es marketing: es linaje, clase social, y a veces, un insulto en letra cursiva.
Borgoña: la etiqueta como haiku
En Borgoña no se pone el nombre del enólogo. No se menciona la variedad. No se grita con tipografías barrocas. Aquí la etiqueta es un susurro elegante, como quien no necesita decir que es rico. Te dan el nombre del pueblo, de la parcela, y tú ya debes saber si eso es Grand Cru o apenas un terruño con ínfulas.
Dicen “Vosne-Romanée Les Suchots Premier Cru” y tú te quedas callado, porque sabes que ese nombre es más preciso que un análisis de sangre. La etiqueta borgoñona es como un telegrama romántico: breve, esencial y, si lo entiendes, te enamoras.
¿Qué mirar?
- Village: vino del pueblo. Básico, pero puede sorprender.
- Premier Cru: calidad seria, parcela concreta.
- Grand Cru: lo mejor del pueblo. Y del mundo.
- Añada: sí importa.
- Nombre del “climat” o viñedo: eso es el corazón del vino. Si aparece, apunta.
¿Variedad de uva? Silencio elegante. Pero sí, es Pinot Noir o Chardonnay. No te hagas el sorprendido.
Burdeos: el escudo, el château y la testosterona del vino
Burdeos no escribe etiquetas. Las cincela. Cada botella parece un libro de heráldica. Todo es “Château” esto, “Grand Cru Classé” aquello. Y si no pones “Mis en bouteille au château”, mejor no embotelles nada. Porque en Burdeos, si no tienes un castillo, no eres nadie. Ni tú ni tu cabernet.
Aquí el vino tiene apellidos, año de fundación, clasificación del 1855 y hasta la bendición de Napoleón si hace falta. Son vinos que se abren con corcho, pero se beben con reverencia. Vinos que vienen con prólogo de tres páginas. Vinos que, si hablaran, te tratarían de usted.
¿Qué mirar?
- Nombre del château = marca personal.
- Clasificación (desde 1855) = estatus eterno.
- “Mis en bouteille au château” = fue embotellado en la propiedad. Como Dios manda.
- Denominación: Margaux, Pauillac, Saint-Émilion… Aprende a pronunciarlas con seguridad.
¿Variedades? No esperes que lo pongan. Tú ya debes saber que ahí hay Merlot, Cabernet Sauvignon, … y clase social.
Champán: etiqueta de baile y fiesta con fondo serio
El champán, ¡ah!, el champán. Ese vino que se disfraza de fiesta, pero tiene reglas más estrictas que un internado suizo. La etiqueta parece liviana, pero te lanza palabras que debes conocer si no quieres quedar como un ignorante con copita.
“Brut”, “Blanc de Blancs”, “Millésime”. Cada término es una contraseña. Y luego están las iniciales: RM, NM, CM. No, no es un juego de mesa. Es la jerarquía silenciosa del viñedo.
RM: Récoltant-Manipulant. El que cultiva y elabora. El artesano. Aquel poeta con viñas.
NM: Négociant-Manipulant. El que compra uva y vende burbuja. El empresario con corcho.
CM: Coopérative-Manipulant. El vino comunal con etiqueta de gala.
Y aún así, la mayoría solo mira si pone “Moët” en grande. Porque la etiqueta champañera, como el smoking, hay que saber llevarlo para no parecer disfrazado.
¿Qué mirar?
Aquí la etiqueta parece simple, pero lleva más códigos que una caja fuerte. Que no te engañe el dorado y la sonrisa. Mira bien.
¿Quién lo hace?
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NM (Négociant-Manipulant): elabora y compra uvas. Grandes casas.
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RM (Récoltant-Manipulant): elabora con sus propias uvas. Artesanía pura.
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CM (Coopérative-Manipulant): varias bodegas pequeñas. A veces joyas.
¿Cuánta azúcar lleva?
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Brut Nature: hasta 3 g/L (nada de dulzón).
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Extra Brut: hasta 6 g/L.
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Brut: hasta 12 g/L. Equilibrado.
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Extra Seco: 12–17 g/L.
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Seco: 17–32 g/L.
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Demi-Sec: 32–50 g/L.
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Doux: más de 50 g/L. Solo si estás de postre (y de humor).
¿Qué más hay que mirar?
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Blanc de Blancs = 100% Chardonnay, por lo general.
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Blanc de Noirs = Pinot Noir y/o Meunier, generalmente.
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Rosé = mezcla o maceración, pero siempre divertido.
¿Vintage o no vintage?
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Millésimé (Vintage): uvas de una sola cosecha excelente, una sola añada.
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Non-Vintage (NV): mezcla de años, para mantener estilo.
¿Y la fecha de degüelle?
Imprescindible. Es la fecha en la que se quitó el tapón con las lías (los sedimentos del vino espumoso). Marca la frescura real del champán. Si lleva más de dos años degollado, empieza a perder chispa. Si lleva menos de uno, puede necesitar algo de reposo.
¿Recomendación mariacong? Champán con mínimo 36 meses sobre lías. Porque tú también mereces tiempo y profundidad.
Nomenclatura general (o cómo no perderte antes de empezar)
Lo que siempre encontrarás en una etiqueta decente:
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Nombre del vino: Puede sonar a novela romántica o a finca de abuelos. No indica calidad, pero da pistas.
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Productor o bodega: Si te gusta, recuerda el nombre como si fuera tu nuevo amor.
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Denominación de origen: Es el DNI del vino. Rioja, Ribera, Rueda, etc. En francés: AOC.
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Variedad de uva: A veces lo pone, a veces te hace investigar. En Borgoña no te lo dirán, por ejemplo. Es parte del juego.
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Añada (año de cosecha): Clave si el vino tiene algo de crianza.
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Grado alcohólico: Más de 14,5% y la noche puede acabar en karaoke.
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Volumen: 750 ml (si es menos, desconfía; si es más, comparte).
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“Mis en bouteille au château” o “domaine”: Embotellado en la propiedad. Traducido: confianza.
La etiqueta se lee, pero el vino se escucha
Leer etiquetas no es para hacerte el entendido. Es para no quedarte con la copa más ruidosa y vacía del brindis. Que no te asusten las palabras en francés ni las siglas. Ni el dorado ni las florituras.
Una buena etiqueta no impresiona. Informa.
Una buena copa no engaña. Te habla.
Y tú, que ya sabes leer las dos, puedes brindar sin miedo.