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Intolerancias alimentarias y SIBO en España y el G20, dieta, estrés y salud intestinal

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En España, conseguir cita con el digestivo puede requerir paciencia. En TikTok e Instagram crecen los vídeos que prometen “curar el SIBO” con dietas cada vez más restrictivas. Los pasillos del súper se llenan de productos “sin”: sin gluten, sin lactosa, sin FODMAP

Tras la pandemia convivimos con más ansiedad, horarios imprevisibles y una cesta de la compra cada vez más cara. Y cuando el cuerpo protesta, lo hace a menudo desde el abdomen: hinchazón, gases, dolor, irregularidad intestinal.

Este reportaje pone orden. Compara a España con los países del G20 (más España como invitada extra) y repasa qué se sabe —y qué no— sobre las intolerancias más frecuentes y el famoso SIBO. Todo, con un lenguaje llano, sin olvidar que detrás de cada cifra hay personas.

Un vistazo rápido al mapa (España en el centro)

  • Intolerancia a la lactosa:
    • Es más frecuente en Asia y África (donde no hubo tanta tradición de ordeñar y consumir leche), menos en el norte de Europa. España está a medio camino: mucha gente digiere bien pequeñas cantidades, aunque los envases “sin lactosa” hagan pensar lo contrario.
  • Celiaquía:
    • Ronda el 1% de la población mundial. España está en esa cifra, con diferencias entre comunidades por cómo se busca y diagnostica.
  • Sensibilidad al gluten no celíaca:
    • No hay marcador claro, así que las cifras bailan. Aun así, se habla de un porcentaje notable de personas que dicen mejorar al limitar el gluten sin ser celíacas.
  • FODMAP/fructosa:
    • Datos escasos y muy dependientes de los tests. Sabemos que muchas personas con SII mejoran limitando FODMAP… pero solo un tiempo y con supervisión.
  • SIBO:
    • Más que una enfermedad en sí, es un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. Se detecta en un porcentaje importante de pacientes con síntomas digestivos funcionales, pero no sabemos cuánto hay en la población general.
  • IBS/SII:
    • Con los criterios diagnósticos más estrictos (Roma IV) la prevalencia global baja al entorno del 4%. En España, usando criterios más antiguos, se llegó a cifras en torno al 10‑12%.

MAPA

1. Intolerancia a la lactosa

La lactosa es el azúcar de la leche. Para digerirla necesitamos lactasa, una enzima que algunos adultos producen menos. Eso no significa “prohibido lácteos”: depende de la dosis y del alimento. Un vaso de leche puede sentar mal; un yogur o un queso curado, no. En España se ha normalizado el consumo “sin lactosa”, útil para quien la necesita, pero también fruto de una moda que a veces confunde “molestia” con “intolerancia real”.

Claves prácticas

No todo malestar tras un café con leche es intolerancia: pueden influir el café, la velocidad al beber o la cantidad.

La tolerancia mejora repartiendo las tomas y combinando con otros alimentos.

2. Enfermedad celíaca

Es una reacción inmunitaria frente al gluten que daña el intestino. No es una moda: es una patología seria. Se diagnostica con análisis y biopsia. En España se calcula que 1 de cada 100 personas podría ser celíaca, pero muchas siguen sin diagnosticar. La dieta sin gluten es el único tratamiento, pero solo si estás diagnosticado.

Claves prácticas

Hacer dieta sin gluten “por si acaso” puede enmascarar un diagnóstico.

El pan de masa madre tradicional puede ser mejor tolerado por personas sensibles, pero si eres celíaco, no vale.

3. Sensibilidad al gluten no celíaca (NCGS)

Personas que no son celíacas ni alérgicas al trigo, pero dicen sentirse mejor sin gluten. Puede que el problema no sea el gluten sino otros componentes del trigo (fructanos, por ejemplo) o incluso el efecto nocebo (esperar sentirte mal). Falta un marcador objetivo, así que el diagnóstico es de exclusión.

Claves prácticas

Si crees que el gluten te cae mal, habla con un profesional antes de retirarlo.

A veces bajar la cantidad y elegir panes menos procesados ayuda sin tener que eliminar del todo.

4. Malabsorción de fructosa y dieta baja en FODMAP

FODMAP son carbohidratos fermentables presentes en frutas, verduras, legumbres, lácteos… Pueden dar gases y dolor si se acumulan en el intestino delgado. La dieta baja en FODMAP se diseñó para personas con SII y suele hacerse en tres fases: eliminación breve, reintroducción y personalización. El problema: en redes se vende como solución universal y se perpetúa la fase de restricción, empobreciendo la dieta y la microbiota.

Claves prácticas

  • Es una dieta terapéutica temporal, no un estilo de vida.
  • Siempre conviene reintroducir para saber qué toleras y en qué cantidad.

5. SIBO (Sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado)

Tus bacterias deberían vivir sobre todo en el colon. En el SIBO, se cuelan al intestino delgado y fermentan lo que comes antes de tiempo: gases, hinchazón, dolor. Se diagnostica con test de aliento (glucosa o lactulosa), pero no hay un estándar perfecto. Además, muchas personas con SIBO tienen otra condición de base (alteración del tránsito, cirugía previa…).

Claves prácticas

  • No todos los test positivos significan que ahí esté la causa del problema.
  • El tratamiento combina antibióticos específicos y ajustes de dieta; la recidiva es frecuente si no se resuelve la causa subyacente.

6. SII/IBS como paraguas

El síndrome del intestino irritable es un trastorno funcional: el intestino está sano, pero funciona “a lo loco”. Dolor abdominal recurrente y cambios en el ritmo intestinal son la base del diagnóstico. Es multifactorial: microbiota, estrés, hipersensibilidad visceral… Por eso la terapia suele ser combinada: dieta, manejo del estrés, fármacos según el caso.

Comer no es igual en todas partes (y eso importa)

España presume de dieta mediterránea: aceite de oliva, legumbres, frutas, verduras, pescados, pan tradicional. Pero la realidad se complica:

  • Ultraprocesados al alza: representan ya cerca de una cuarta parte de la energía diaria. Lejos del 50% del Reino Unido, sí, pero la tendencia preocupa.
  • Fermentados tradicionales: yogur, quesos curados, encurtidos… han formado parte de nuestra mesa, aunque no siempre se valoran como probióticos naturales.
  • Aceite de oliva más caro: la subida del precio empujó a algunas familias a usar aceites más baratos y menos saludables.
  • Comparación “exprés” con el G20:
    • EE. UU., Reino Unido, Canadá, Australia: altísima presencia de ultraprocesados; el “sin gluten” es una industria multimillonaria.
    • China, India, Indonesia: poca tradición de lácteos → más intolerancia a la lactosa. En India, además, el patrón vegetariano plantea retos de fibra y FODMAP.
    • Brasil y México: chocan la comida tradicional con el avance de los procesados; Brasil es pionero en guías públicas que desaconsejan ultraprocesados.
    • Rusia, Turquía, Arabia Saudí, Sudáfrica: transición nutricional acelerada y poco dato publicado sobre NCGS o FODMAP, pero sí sobre obesidad y diabetes, que también afectan a la salud intestinal.

Estrés, intestino y cerebro: una autopista de doble sentido

El intestino y el cerebro hablan constantemente. El estrés aumenta el cortisol, altera el tránsito intestinal y la percepción del dolor. A la inversa, un intestino inflamado o con microbiota alterada puede afectar al estado de ánimo. En España no trabajamos tantas horas como en Corea o México, pero el estrés percibido por precariedad, horarios partidos y conciliación imposible es real.

Además, la inseguridad económica y la inflación alimentaria suman presión: elegir entre comida barata y comida saludable no es solo una decisión nutricional, es un factor de salud mental. Y con la cabeza “en llamas”, el estómago se queja más.

“El pan era mi enemigo hasta que un digestivo me explicó que no era celíaca ni alérgica: era ansiedad y comer rápido. Volví al pan de masa madre y aprendí a masticar”, relata Sara, 34 años. “La tabla FODMAP me ayudó un par de meses, pero lo que cambió mi vida fue organizar mis horarios y dormir mejor”.

Señales de alerta de que el estrés te está pasando factura al intestino

  • Tu dolor abdominal empeora en épocas de exámenes, cierres de trabajo o problemas familiares.
  • Comes rápido, apenas masticas y “tragas aire”.
  • Usas la comida como premio o consuelo constante.
  • Tu sueño es irregular: el intestino también descansa de noche.

¿Qué hace (o no) el sistema sanitario?

  • España: la Seguridad Social cubre las pruebas para celiaquía. Los test de aliento para intolerancia a lactosa se hacen en muchos hospitales. El de SIBO está menos protocolizado, así que muchas veces el paciente acaba en la privada. Las guías sobre NCGS son escasas y la dieta FODMAP se aplica según la formación del profesional.

  • Reino Unido / EE. UU.: existen guías específicas para SII y SIBO, aunque insisten en la prudencia con diagnósticos y dietas.
  • Brasil: destaca por su guía alimentaria oficial centrada en comida real.
  • Resto G20: diferencias enormes en acceso; en algunos países, ni siquiera hay cobertura para la celiaquía y la dieta sin gluten es carísima.

Costes ocultos: muchos pacientes pagan de su bolsillo test no validados, suplementos “detox” y dietas de moda. A veces el dinero habría estado mejor invertido en un buen dietista-nutricionista o en terapia psicológica.

“Veo más test de aliento positivos que nunca… pero también más confusión. El SIBO es real, sí, pero no todo gas es SIBO”, cuenta la Dra. Marta L., gastroenteróloga en un hospital público madrileño. “Necesitamos protocolos claros y menos obsesión con las listas de alimentos prohibidos”.

Conclusiones

  • España no es un caso raro: comparte cifras y problemas con sus vecinos europeos, pero su tradición mediterránea —aun golpeada por la inflación y la prisa— sigue siendo un activo de salud.
  • Los números guían, no dictan: que el 70% del mundo tenga malabsorción de lactosa no significa que deba vivir “sin lácteos”. La dosis y la forma importan. Lo mismo con el gluten.
  • SIBO y NCGS son zonas grises: faltan pruebas definitivas. Diagnosticar con pinzas y tratar con cabeza evita cronificar dietas imposibles.
  • Estrés y dieta forman un círculo: más estrés → peor alimentación → más síntomas → más estrés. Romperlo suele requerir una estrategia mixta: comida real, horarios razonables, apoyo profesional.
  • Lo público puede marcar la diferencia: guías claras, acceso a dietistas-nutricionistas en primaria y educación alimentaria evitarían muchos tratamientos caros y poco útiles.

Cómo se hizo (metodología en cristiano)

  • Países analizados: los 19 del G20 (EE. UU., China, India, Brasil, etc.) más España.
  • Condiciones incluidas: intolerancia a la lactosa, enfermedad celíaca, sensibilidad al gluten no celíaca, malabsorción de fructosa/FODMAP, SIBO. Usamos el síndrome del intestino irritable (SII/IBS) como “paraguas” de síntomas.
  • Qué se miró: prevalencias estimadas en estudios y meta‑análisis, consumo de ciertos alimentos (lácteos, cereales, ultraprocesados), niveles de estrés y salud mental, acceso a pruebas diagnósticas y guías clínicas.
  • Advertencia: no todos los países diagnostican igual. SIBO, por ejemplo, depende del test usado y de a quién se le hace. Por eso evitamos “verdades absolutas” y preferimos hablar de tendencias.

Glosario express

  • FODMAP: carbohidratos fermentables que pueden causar gases y dolor en algunas personas (fructosa, lactosa, polioles…).
  • SIBO: sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, detectado con test de aliento.
  • NCGS: sensibilidad al gluten no celíaca; diagnóstico de exclusión.
  • IBS/SII: síndrome del intestino irritable; trastorno funcional, no inflamatorio.
  • Ultraprocesados: productos industriales con ingredientes que no usarías en tu cocina (emulsionantes, aromas, jarabes…).
  • Dieta baja en FODMAP: herramienta terapéutica temporal, no dieta “para siempre”.
  • cómo evoluciona la inflación alimentaria y la adherencia a la dieta mediterránea.
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