La tarta Selva Negra es como el cine negro de la repostería: intensa y con un punto decadente. Nació en Alemania, como los mejores villanos del Hollywood clásico, pero se hizo mundialmente famosa gracias a su combinación explosiva de chocolate, nata y cerezas al licor. Sí, porque en esta historia, el alcohol también juega un papel fundamental.
Se dice que su origen se remonta a principios del siglo XX en la región de Baden, donde el licor de cereza, el Kirsch, es más popular que un villano en una película de Batman. Pero como ocurre con todo lo legendario, hay teorías que dicen que ya en el siglo XVI la gente de la zona mezclaba chocolate y cerezas, como quien mezcla jazz y ron en un bar clandestino.
Culturalmente, esta tarta ha aparecido en varias referencias. En la serie The Big Bang Theory, por ejemplo, Sheldon la menciona como uno de sus postres favoritos. Ya sabemos que él solo come cosas que han sido meticulosamente calculadas. En el cine, la Selva Negra se asocia al misterio y a los personajes sofisticados. Si una femme fatale tuviera que pedir postre, seguramente elegiría este. Y si hablamos de música, es la tarta que te imaginas comiendo mientras suena Sabor a mi. Un bolero de los que te rompen el alma.
¿Y sus armonías? Aquí entra la parte divertida. Si quieres un clásico de cine negro, acompáñala con una copa de Torres Jaime I Reserva Familia. Un brandy que actúa como un detective privado resolviendo un caso difícil. Si prefieres algo más rockero, el LBV 2018 de Quinta do Noval. Un Oporto envejecido le da la profundidad de una balada de los Scorpions. Y si lo tuyo es la elegancia, emparéjalo con una copa de Ruinart rosado. Este Champán es la pareja perfecta, como Cary Grant y Audrey Hepburn en Charada.
En definitiva, la Selva Negra no es solo una tarta, es un personaje en sí misma. Es el Humphrey Bogart de la repostería, la Billie Holiday de la pastelería. Comerla es un acto de cine, un momento de literatura, un trocito de historia.